Un domingo para poder comprender lo que significa el celtismo

03 agostu 04:03 2004 Imprimir

No hay mejor forma de convencer a nadie de la existencia de un espíritu celta entre los pueblos que se nombran como tales en Europa que una jornada como la que todos los años se repite el primer domingo de agosto en las calles de Lorient. Gente asturiana, gallega, galesa, bretona, escocesa, irlandesa, de la Isla de Man, de Cornualles… gentes australianas de raíz céltica o canadiense como los que este año vienen de L’Acadie, en la región francófona de Quebec en el Canadá… Todos ellos confluyen en un único sentimiento que tiene a la música como hondo referente que une por más que las distintas lenguas que hablan parezcan separar.

Es la gran ‘Parade des nations celtes’ y la combinación bien encadenada de 3.500 músicos y danzantes, tocados del primero al último con sus trajes tradicionales, tan llamativos como descubridores del aliento de un pueblo y tan diferentes los unos de los otros y sin embargu tan semejantes en lo verdaderamente importante.

Desde las 10 de la mañana comienzan a salir desfilando los primeros grupos, que van mezclando nacionalidades y haciendo una bella combinación estética y musical de sonidos asturianos y escoceses, irlandeses y gallegos, escoceses y bretones. Niños con vestimentas de haace dos siglos, chicas que reflejan en el vestido tradicional su juventud con alegría, abuelos que pronuncian saludos de siempre y que llevan en su regazo las esperanzas futuras.

Música y danzas a lo largo de las calles de Lorient, con público rodeando cada centímetro de la carretera y aplaudiendo con ganas cada vez que simplemente miran hacia ellos con un saludu los que desfilan: orgullo de ser como son, justamente lo que siempre definió a esos pueblos, naciones sin nación, que perdieron todas las guerras y ganaron todas las simpatías.

La simpatía es lo que toma estos días Lorient. Un puerto (deportivo) tomado no por la nieve, sino por la alegría. Y la música, de forma tal que se puede escuchar a las mozas gallegas cantando sones picardiosos que hablan de cortejos, junto a bandas bretonas que nos recuerdan el trabajo de Alan Stivell difundiendo los sonidos con más raíz de este país bretón.

Y tras el desfile, en el estadio donde crece el rumor del gentío en busca de la más pequeña disculpa para poder aplaudir sin parar, los que desfilan cantan, tocan, bailan… Es un momento que no se puede olvidar, como no puede caer en el olvido otro desfile que por la tarde toma de nuevo las calles de Lorient: ‘Le tromphe des pays celtes’. Tres mil músicos siguen por la villa bretona a las banderas de los pueblos celtas que se unen cada agosto aquí.

Decía el gaitero asturiano José Angel Hevia que el único lugar donde se siente totalmente asturiano es en Lorient. Y no hay más que estar aquí esta primera semana de agosto para comprenderlo. Hay pueblos que pueden sentirse ellos mismos en su territorio. Pero algunos, como el asturiano, tienen que esparcir su sentimiento fuera del territorio que los acoge. Y hay territorios donde no hay que buscar ese sentimiento, porque se encuentra en cada esquina que uno tropiece en el camino. Hay lugares, como Lorient, donde uno se siente asturiano cuando topa con otro, o con un bretón, o con un escocés. Y no hace falta saber idiomas. Es como si todo el mundo hablara asturiano. Y como si tú hablaras todas las lenguas, románicas o gaélicas, que se emplean en los pueblos donde hallas el nombre de ‘lugo’ allá donde pises. Los mismos lugares que pisaron los ‘luggones’ cuando eran pueblo guerrero y vencedor entre los pueblos celtas de antes de los romanos.

  Categories:
Loading Facebook Comments ...